II De tan furiosa tengo los pies helados. Y este maldito fuego que me sincera el pecho. Me incinera la médula y las costillas y los pulmones. Por el centro siento las llamas que me recorren como anguilas eléctricas buscando por dónde escapar. [...]

II De tan furiosa tengo los pies helados. Y este maldito fuego que me sincera el pecho. Me incinera la médula y las costillas y los pulmones. Por el centro siento las llamas que me recorren como anguilas eléctricas buscando por dónde escapar. [...]
… Y cíclicamente beberte a pleno hasta casi ahogar los estertores del miedo que me atenaza el cuello toda vez que los cupidos me tientan el cuore. Acorazonado. …
Si ya ni siquiera puedo amarte, inverosímil amor de entre mis amores más redundantemente amantes, más inexplicablemente torpes, acaso infructuosos e inhóspitos… Entonces… entonces que me extirpen el corazón, y lo quemen. Quémenme el corazón. ¡Quémenlo! …