Literatura mix
La teoría del Decadentismo aplicada en textos literarios
Autora: Prof. Liliana Forti
En esta monografía nos proponemos investigar cómo la teoría del Decadentismo se aplica en textos literarios. Nuestro corpus literario será principalmente El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde, como principal referente de análisis. También recurriremos a El crítico como artista, del mismo autor, para establecer relaciones entre ambos textos con el fin de validar nuestra hipótesis.
Hay muchas formas de Decadentismo, tantas como formas de grandes civilizaciones; sin embargo, dos han quedado como peculiarmente típicas desde este punto de vista: la que cerró el mundo pagano durante los primeros siglos de la era vulgar, y que recibe el nombre de Alejandrinismo, y la que, a fines del siglo pasado, parece sellar un ciclo iniciado por el Romanticismo. A esta última, aludimos normalmente con la expresión Decadentismo.
Durante los momentos previos al estallido del Decadentismo, el movimiento del “arte por el arte”, la exaltación del arte como supremo valor humano había llegado a ser una afirmación intransigente que alejaba al artista del contacto real con la vida. Baudelaire fue quien restableció el contacto con la vida y dio vuelta la posición del Esteticismo. El privilegio del poeta no fue ya estar o sentirse por encima de las angustias de la vida, de la tristeza de la carne, o de la amargura anidada en el fondo de toda voluptuosidad, ni crearse un mundo propio más alto, donde todo queda lejos, o bien es ignorado. La realidad continúa siendo lo que es y el poeta, como los demás hombres, más que los otros hombres, desciende hasta el fondo de ella, apurando hasta la última gota de su veneno. Su privilegio radica en poder hacer todo eso y sacar intactas sus fuerzas creadoras; en hacer todo eso y quedar limpio – por virtud de la poesía- transformándolo en visiones de belleza.
Como toda o casi toda la poesía moderna, el Decadentismo ha nacido a lo largo del surco abierto por esa revelación. Al poeta se le piden “tonalidades nuevas”, “matices” distintos. Entre tanto, se iba operando un cambio en profundidad, incluso más allá del arte, en la actitud general ante la vida, determinando una sensibilidad nueva: compleja y sobrecargada de experiencias culturales, refinada e insatisfecha, empujada por todas partes a buscar su satisfacción fuera de los caminos convencionales, atraída irresistiblemente hacia todo lo excitante y oscuro, todavía no dominado por la conciencia, orgiástico y abismal. Puesto que se sentía criatura de elección y de maldición, el poeta no se contentó con las delicias del goce estético, sino que buscó su patente de nobleza en otras zonas cerradas al hombre vulgar, en las zonas de la vida maldita. Voluptuosidades complicadas y atormentadas, embriagueces morbosas, confusiones y perversión de los sentidos, experiencias ocultas, paraísos artificiales, todo quedó apresado en el círculo de la nueva sensibilidad. Un mundo rico de zonas inexploradas- o, al menos, todavía misteriosas y llenas de tentaciones- vino entonces a desplegarse ante el poeta. Y pareciera que ya estuviéramos entrando a la vida de Dorian Gray. Pero pronto llegaremos a él. No desesperéis.
En líneas generales, se consideraba al Decadentismo como una escuela literaria caracterizada por el pesimismo y escepticismo de sus temas, el abuso de la alegoría y el símbolo y la propensión a un refinamiento exagerado. A los literatos de refinamiento excesivo se les aplicaba el término de decadentes. En este rubro se lo encasilló a Oscar Wilde (1854- 1900). Se lo consideraba un poeta inglés que, a pesar de su talento, había sido en realidad un decadentista aquejado de dandismo y de afán de exhibición. Por eso, de acuerdo a esta visión, en sus obras tiene acentos verdaderamente poéticos en medio de alardes de un ingenio superficial, pero elegante.
En El retrato de Dorian Gray es muy interesante la intervención del narrador, que representa la voz del autor. Ya en el prefacio, Wilde nos está brindando un texto que es programático del Esteticismo, y que luego ampliará y desarrollará al profundizar en el Decadentismo.
La relación que encontramos entre esta novela y el ensayo de El crítico como artista es signicativa. En ambas obras se utiliza el diálogo como una herramienta de polémica. Wilde nos dice en El crítico… que
“el diálogo, esa maravillosa forma literaria, que han empleado siempre los críticos creadores del mundo, jamás podría perder para el pensador su atracción como modo de expresión. Por su intermedio el pensador puede a un tiempo revelarse y ocultarse y dar forma a cada fantasía y realidad, a cada estado de ánimo. Por su intermedio, puede exhibir el objeto desde todos los puntos de vista y mostrárnoslo completo. Por su intermedio, asimismo, el pensador puede inventar un antagonista imaginario y convencerlo cuando se le ocurra con alguna argumentación absurdamente sofista”.
Efectivamente, afirma que es fácil convencer a los demás, y de hecho nos convence, como lectores implícitos, y convence a los protagonistas de El retrato… y a Ernesto en El crítico. Casi convenció a la sociedad de su tiempo, al menos hasta el incidente de Lord Douglas. Pero ese es otro cantar que no entonaremos en este trabajo.
En El crítico… el diálogo entre Gilberto y Ernesto, sus protagonistas, está ficcionalizado. Por el contrario, los diálogos en El retrato… están planteados desde la técnica del ensayo, como una forma de adoctrinamiento del maestro- en la figura de Lord Harry- hacia el discípulo- Dorian Gray. Pareciera incluso que los diálogos de la novela quebraran la barrera de la ficción y la voz clara, real y suave de Wilde saliera del contexto ficcional para hablarnos, seduciéndonos como cantos de sirenas. La mística del Esteticismo se plantea también desde el narrador hacia el lector implícito, ¿igualmente como un adoctrinamiento?, nos preguntamos. Por ejemplo cuando Lord Harry le contesta a Dorian su pregunta…
“What do you mean by good, Harry?” ”To be good is to be in harmony with one’s self…Discord is to be forced to be in harmony with others. One’s own life-that is the important thing. As for the lives of one’s neighbors, if one wishes to be a prig or a Puritan, one can flaunt one’s concern. Besides, individualism has really the higher aim. Modern morality consists in accepting the standard of one’s age. I consider that for any man of culture to accept the standard of his age is a form of the grossest immorality.”
…está adoctrinándolo. Es la voz de Wilde la que aquí habla. Otra marca del Decadentismo es que el artista, en este caso Basil, el pintor, o Dorian, desde el lugar de crítico como artista, son protagonistas de la obra. Lord Henry es el dandy, el diletante que disfruta, consume arte, al igual que Dorian. Por eso dice Lord Henry que las cosas hermosas, como los pecados bellos, son privilegio del rico. A lo que responde Basil que el precio que hay que pagar es la conciencia de la degradación, en otras palabras de la decadencia. Claro que Wilde nos dice en El crítico…
“que toda obra imaginativa hermosa tiene conciencia de sí misma y es intencional”,
por lo tanto, nos ha estado diciendo, en el diálogo entre Dorian, Basil y Lord Henry, que la decadencia, la degradación, es una obra bella. También en la cita anterior está reflejado con claridad otra de las afirmaciones de El crítico…, cuando dice que
…“lo que se llama pecado, es un elemento esencial del progreso. Sin él, el mundo se estancaría o envejecería o se volvería incoloro. Con su curiosidad, el pecado acrecienta la experiencia de la especie. Mediante su intensificada afirmación de individualismo, nos salva de la monotonía del tipo. En su rechazo de las ideas corrientes sobre moralidad, se identifica con la ética más elevada”.
Si tomamos la afirmación de que el mundo se estancaría o envejecería o se volvería incoloro sin pecado, ¿no tenemos aquí la base por la cual el personaje de Dorian Gray, al estar saturado de pecado, mejor dicho justamente por estar saturado de pecado, no envejece? En cambio, su retrato no peca, y, contra todos los pronósticos, envejece, se estanca, se vuelve desabrido y espantoso. Su retrato, sin la gloriosa posibilidad del pecado, se corrompe. En cambio, Dorian Gray se mantiene joven y bello, sin lugar a dudas, gracias al pecado, al decadentismo que Wilde también sostuvo en su propia vida. En efecto, no creo que el deseo de Dorian sea una especie de pacto diabólico, sino que en todo caso, es un deseo que fue tomado al vuelo por el Espíritu del Decadentismo, que le concede que el pecado lo mantenga joven y lozano, y que en cambio, su retrato -el representante de la convención social de esa época acerca de la belleza y de la moralidad del arte- se degrade y decaiga, como igualmente estaba declinando y menguando esa convención estética que el retrato representaba. El deseo de Dorian es el deseo de todos los decadentistas hecho realidad.
Gilberto dice que “para el crítico, la obra de arte es simplemente una sugestión para una nueva obra propia”. Dorian, al ver la obra de arte de su retrato, y charlar con Lord Harry, ¿ no se siente incitado por ambos -obra de arte y adoctrinador- a crear su propia obra de arte, pero esta vez con elementos reales de su propia vida, desde el goce de lo bello, lo pecaminoso, lo oscuro, todos los deleites sensuales al servicio de crearse una vida nueva, una nueva obra de arte viva?. Gilberto dice que “todo arte es inmoral”. Por lo tanto, ¿quien se atreve a fijar límites a Dorian en su concepción artística de vivir? Solo Basil se atreve, pero, como toda voz de la conciencia es silenciado, asesinado por Dorian. Lord Harry lo alienta a vivir así. Y ya no hay vuelta atrás. “Se puede aprender más del pecador” insiste Gilberto. Dorian coincide. Dorian, Lord Harry y todos los decadentistas. Pues “la máquina de la vida” puede “transformar nuestros pecados en elementos de una nueva civilización, más maravillosa y espléndida que todo lo producido antes”, dice Gilberto.
¿Acaso no representa Dorian al perfecto crítico concebido por Wilde? Citamos a Gilberto:
“El verdadero crítico… buscará la belleza en todas las épocas y en todas las escuelas… y siempre buscará con curiosidad nuevas sensaciones y puntos de vista”.
O cuando acota
” el objetivo del arte, simplemente es crear un estado de ánimo. ¿Es poco práctico este modo de vida?”.
De ninguna manera, nos diría Dorian, puesto que él permanentemente busca crear estados de ánimo, los busca con frenesí, y nada lo puede detener en su incesante exploración de belleza, de placer sombríos. Él tenía el temperamento necesario del crítico como artista, “exquisitamente sensible a la belleza y a las diversas impresiones que esta nos causa”. Sus diversas colecciones, su manera de vivir, así lo manifiestan. Y, justamente, “la influencia del crítico [en la figura de Dorian] será el mero hecho de su existencia. En él se verá realizada la cultura del siglo. No debes pedirle otro fin que el de perfeccionarse a sí mismo” Gilberto dixit.
Y Dorian cumplió. Se perfeccionó en el arte de la decadencia hasta límites insospechados incluso por él mismo. Su vida fue un testimonio puro de degradación hasta el último minuto. Porque incluso su intento de reconversión a un camino más decente, es, claramente, la decadencia de la decadencia, porque, ¿cómo se puede corromper lo decadente, si su raíz es la corrupción? Pues, justamente con su opuesto: la virtud, la decencia, la honestidad, la ética, el decoro, la pureza y honradez que Dorian Gray intenta transitar en los últimos días de su vida. Solo la integridad y la moralidad podrían decaer lo decadente. Solo un acto de osadía y dignidad, de vergüenza por todo lo hecho podría declinar una vida así, para ser coherente consigo misma, con su principio básico de degradación y decadencia. Y ese acto está representado en Dorian al desgarrar con un cuchillo su retrato. Y yo creo que fue un acto de coherencia pura. Dorian intenta destruir, como un acto de enmienda, las pruebas de todos los hechos pecaminosos que se han encarnado en su imagen pictórica, como si a través de este seudo sacrificio se estuviera redimiendo a sí mismo. Además, ¿tal vez no estará intentando destruir su retrato justamente porque es el representante de la convención social de esa época acerca de la belleza y de la moralidad del arte que está declinando y menguando? Este también sería un acto de integridad decadente. Intentar destruir semejante convención es un acto de decoro y entereza y coherencia pues es más que seguro que un solo hombre no podría vencer tal mandato social instaurado en el arte. Incluso el paralelo con la vida de Wilde es asombroso. Él se enfrenta al padre de Lord Douglas a sabiendas de que va a perder el juicio por calumnias que le ha iniciado. Aunque no lo diga, él sabe esta verdad. Empero, sigue adelante. El asunto de la demanda judicial parece una incongruencia en la vida de Oscar, que habitualmente sus biógrafos no alcanzan a entender. Sin embargo, al igual que Dorian, él actuó con perfecta coherencia decadentista en esto: se inmoló a sí mismo-voluntariamente-en los fuegos fatuos del puritanismo artístico. Así concluiría una saga de decadentismo ejemplar. Con un acto de nobleza y quijotismo tan único como el de Dorian Gray al desgarrar su retrato.
A lo largo de este análisis, hemos podido ver que la decadencia implicaba degeneración, disolución de la fibra moral(y física). El espíritu decadente bordeaba la afectación y era expresión del desencanto y de la desilusión -el mal de fin de siglo- con la vida. Una especie de hastío y pesimismo expresivo de la futilidad de la vida, un desdén por lo cotidiano y común ( y natural), una repugnancia por las convenciones y tabúes morales y religiosos. En Inglaterra Oscar Wilde fue sin lugar a dudas la expresión más refinada y complicada de la sensibilidad decadente, en los naufragios de la vida tanto como en las seducciones de la obra poética. Sin embargo, el Decadentismo no pudo superar el equívoco de confundir la poesía con la “vida decadente” propiamente dicha, como si fuesen solo una misma cosa.
En los textos de El retrato… y de El crítico… pudimos analizar algunos de los elementos del Decadentismo y del Esteticismo, y cómo estos se hallan entrelazados en la ficción, de forma tal que representan una especie de instrucción de Wilde hacia el lector implícito sobre sus postulados básicos. Para concluir, citaremos a Wilde en El retrato…, porque en sus palabras está la esencia teórica del Decadentismo y del Esteticismo que él esgrimió como un estandarte cuya materia prima fueron sus palabras vanguardistas y su vida disoluta.
· “And, certainly, to him life itself was the first, the greatest, of the arts,
and for it all the other arts seemed to be but a preparation” …manifiestamente, ante sus ojos, su mayor obra de arte fue su vida.
·“Yes: there was to be, as Lord Henry had prophesied, a new Hedonism that was to recreate life and to save it from that harsh uncomely Puritanism that is having in our own day, its curious revival. It was to have its service of the intellect, certainly, yet it was never to accept any theory or system that would involve the sacrifice of any mode of passionate experience. Its aim, indeed, was to be experience itself, and not the fruits of experience, sweet or bitter as they might be. Of the asceticism that deadens the senses, as of the vulgar profligacy that dulls them, it was to know nothing. But it was to teach man to concentrate himself upon the moment of a life that is itself but a moment.”
…el decadentismo fue capaz de experimentar y producir frutos desde la ignominia de sus vivencias.
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“ He grew more and more enamored of his own beauty, more and more interested in the corruption of his own soul.”
… tan interesado como todos los decadentistas lo estaban.
Bibliografía
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· Cuddon, J.A., Diccionario de Teoría y Critica Literaria, Buenos Aires, Editorial Docencia, 2001.
· A.A.V.V. Diccionario Literario de Obras y personajes de todos los tiempos y de todos los países, Barcelona, Hora, 1992.
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· Gruenter, Rainer; Sobre la miseria de lo bello, N.L., Gedisa Editorial, N.D.
· Pacheco, José Emilio; Wilde en su (tercer) mundo, Letras libres, Nº 25, (2001).
· Schiavo, Leda; El éxtasis de los límites, N.L., Corregidor, N.D.
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· Wilde, Oscar; The picture of Dorian Gray and selected stories, New York, New American Library, 1962.
3 Comentarios
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El artista es creador de belleza y el vicio y la virtud, sus materiales . Oscar Wilde condensa el alma del artista agitando el tarro y regandolo por los aires . Alli donde el que crea llegue abajo de los limites de uno u otro lado y pueda ver algo de belleza , para el habra esperanza , por eso debemos de bebernos lo que podamos de vida atentos a quien nos sirve la copa , al que la alza y nos brinda y al que la derrama porque alli estara Wilde, riendo en su retrato y alli estaremos todos con vicios y virtudes.
Wilde es mi mentor. Me bebo cada copa repleta de su decadentismo bellísimo e intenso. Leerlo y escribir sobre él es uno de mis vicios!
Gracias por tu comentario, me pareces conocido, puede ser?
Besososososs, Lily Forti
Gracias!!!!!! Liliana… muy bueno tu artículo. Lo leeré otra vez con más calma.
Sí está muy bien esta teoría del Decadentismo… creo que me identifica como poeta.
A ver si puedes y te pasas por mi blog uno de estos días… eres de lo más bienvenida!!!
Gracias.