Ositos de peluche tomando mate

Solo mi gato me entiende ( bah, mi mate también)

Solo mi gato me entiende ( bah, mi mate también)

Ositos de peluche tomando mate

              Cómo no entender el simbolismo del osito de peluche favorito que los niños no quieren soltar por nada del mundo cuando duermen o cuando viajan o cuando sea. Cómo no entender esa necesidad de sostener algo que nos funciona como una compañía consoladora y cálida, que nos alivia la eterna sensación de llegar solos, estar solos y morir solos.

                 Acciones así calman y brindan un poco de sosiego, cuando ya se agotó el crédito en el celular, y de todas maneras no lo podremos usar porque todos los amigos están trabajando, o con sus parejas, sus hijos o sus penas respectivas y no nos pueden atender. Y claro, entonces tenemos que inventar acciones sedativas más autónomas como  sostener el mate entre las manos, sobre el pecho, acariciando el borde plateado de su boca, calentito con el agua recién vertida. La mayoría de las veces, amargo. Eso sí, que me perdonen los puristas, pero yo lo prefiero con azúcar. Para amarguras hay bastante con la vida, vio.

Yo solía ver por las puertas del barrio a los uruguayos o a los misioneros con el termo  bajo el brazo y el mate en la mano, discutiendo los resultados del último Boca/River o los desmanes que algún ex-presidente de mirar bizco generaba para ganar las elecciones de turno.      

Una imagen muy común, claro. Lo que no me parecía común era ir al trabajo caminando por la avenida principal a las siete de la mañana y cruzármelos a ellos, justamente, con el termo  bajo el brazo y el mate en la mano, caminando a paso rápido para escapar del frío. Mate móvil, le podríamos llamar. O consuelo móvil: en lugar de llamar tan temprano al psiquiatra por una crisis existencial, mejor contarle al mate los miedos y las tristezas, que como buen amigo escucha en silencio o asiente con el burbujear de la yerba cuando se la sorbe: perfecta empatía si las hay.

Quién dijo que el hombre está solo cuando tiene semejante elemento en las manos: “mamadera verde” -como dice mi vieja.

 

 

¿Dios es argentino? No sé che, pero el consuelo del mate sí

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