Esa tarde ingrata
a eso de las seis y cuarto…
Cómo sufriste amor, cómo sufriste.
Comprendo tu sentir, y lo acompaño
aunque el deseo se me caiga entre las manos
aunque pierda la razón en el intento
aunque el pesar cave hondo y el desvelo
de no quererte me arrastre por el suelo…
Cómo te sufro, amor, cómo te sufro.
Y el aire va poblado de jazmines,
jazmines que no pude, que no quise.
Y ahora qué más da,
si no te tengo
si no puedo extraviarme entre tu aliento;
entonces, amor mío, no hay sustento
que pueda contener el descontento
de no beberte a pleno cuando anhelo.
Entonces, amor mío, le encomiendo
las riendas de este amor al dios del tiempo.
…
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