It rains
Llueve eternamente en Baires.
Nubes que no se descargan de tanta pena atrasada.
Gotas que se deslizan incansables
por los hierros del balcón.
Lluvia inmutable limpiando tierra,
lavando almas.
Inclemencia enajenada
que enjuaga la sangre que punza,
la que agota al corazón y no lo deja latir.
A esa sangre espesa,
que le obstruye las arterias,
la disuelve, la aligera, la vuelve platónica.
Armónica.
¿Sónica?
Para que la oigas-pulsar-alcompás-detus-manos.
Al son de tu voz serena,
que la enciende con ardor;
quema, sana
y la mueve en este cuerpo,
que te ama.
Tu voz y la lluvia, me curan
el corazón aterido de carencias, ausencias, retiradas.
Tu voz y la lluvia, me aman
así como soy:
Desnuda, carente, ausente y vacía,
quebrada y molida a palos por la vida.
Tu voz y la lluvia, me miman
cuando más lo necesito.
Tu voz, y la lluvia.
Tus gotas: pocas, muchas, algunas,
no importa cuántas, no importa.
Importa que sean tuyas.
Aunque lejos, aunque cerca,
soleado o no
Siempre llovizna.
Siempre tu voz y la lluvia.
Siempre sana.
Siempre en mí
tu luminosa, firme, amorosa calidez.
Siempre viva la maravilla de tu amor.
Y no me importa nada sonar así de naive
Esa es la maravilla de estas maravillas:
¡te maravillan incluso hasta el buen gusto!
Y caés rendido a sus pies, melosos y previsibles.
Solo caes.
Arrobado en jarabe.
No me importa nada justificarme
¡No me importa nada!
Y menos a esta altura de la tormenta.
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