Ave Fénix
…
Gracias al fulgurar constante, insoslayable,
de un augurio oportuno,
me desperté…
entremezclándome en los brazos de una ilusión tirana
como esperanza maltrecha de mendicante.
Y con harapos de sol me envolvieron.
Me embalsamaron crepitante.
Y me arrojaron a un abismo vacío
de palabras, de sonidos amantes.
¿Entonces para qué despertar?
¿Para morir de nuevo?
Como el Ave Fénix,
de las cenizas de un idilio frustrado resucito.
La decrepitud del mediodía invade los terrones de tierra carmesí
cual si fueran ojos de conejo asustado…
Y hasta las lombrices resucitan.
¿Entonces para qué morir?
¿Para resucitar de nuevo?
Y todas las veces necesarias.
Y así no estrellarme eternamente
en los mismos riscos estrechos e inermes
de este amor crucificado
en la madera insulsa y demente
de la postergación y el miedo.
…
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