Creo que lo mío no es cuidar seres vivos.
Hace varios años una amiga me pidió el grandísimo favor de cuidarle a un Coker Spaniel o Joe Cocker o alguna clase de esos perros molestos y peludos. Y encima era un cachorro. Destrozaba libros, revistas, zapatos, todo lo que se le cruzaba cuando yo estaba ausente. Y cuando yo volvía lo destrozaba a patadas, maldito pichicho del Averno. Terminé devolviéndolo. Era él o mis stilettos.
Tuve un gato grisáceo, atigrado, bonito… hasta que lo pisó un colectivo 60. Y eso por vivir cerca de la Panamericana. Al fin y al cabo no se podía culpar a nadie. Salvo al del 60; pero ya se sabe que los colectiveros, como los menores de edad, son inimputables, así que para qué molestarse.
Intenté con unos peces. Varias veces. Comunes, baratos, como los limpiafondos y los limpiavidrios o como sea que se llame a los basureros de la pecera. Peces 4×4 -todo terreno, así les dicen en el acuario, porque son casi indestructibles. Una falacia: El gato, antes de morirse, se comió uno, y a otro lo encontré en el piso del living cuando volví de una clase de origami. El gato, claro, lo había pescado y luego de cansarse de jugar lo había dejado ahí, sobre los mosaicos bordó. ¿Y yo qué podía hacer? ¿Enterrarlo en mi jardín? I don´t think so. Directo al Río de la Plata.
¿La tortuga? Se llamaba Rose -Axl para los amigos- y gruñía como un perro cuando algo la molestaba. Le pusimos ese nombre porque era un bicho raro, que corría de acá para allá, como enchufado a 220, y de tortuga no tenía ni un pelo en cuanto a velocidad se refería.
Ahí la culpa la tuve indirectamente, porque estuvo durante un tiempo mínimo en casa, hasta que mi papá se enteró, y como adora a los reptiles, quiso hacerse cargo. La cuidaba amorosamente, pero un día de otoño la dejó encerrada entre alambrados en un lugar muy bonito, con plantas de romero, porque no quería que le comiera las otras, sus malditas florcitas, al otro lado del alambrado. Y Rose necesitaba calor, calor y tibieza de tierra; vino el invierno y la tortuga aún no sabía escalar alambrados y papá se olvidó de sacarla y la pobre tortuga fue encontrada muerta por congelamiento. Tristísimo.
Mi genética es tremebunda; hasta mi padre es un descuidado asesino de mascotas de sangre fría; ahora se entiende un poco por qué están en vías de extinción. Claro, porque las extinguen los colgados.
Repito que lo intenté concienzudamente con los Golden Fish también. Tenía de los amarillitos como canarios (pero de los canarios no voy a hablar, no, no, por favor. ¡Fue horrible!), anaranjados, blancos y anaranjados, sublimes. Tuve varios de esos peces. También varias veces.
Sin embargo, periódicamente sentía un olor peculiar, como a agua estancada; paseaba la mirada por todas las habitaciones, revisaba los rincones y detrás de las puertas, y el altillo por si alguna rata apestosa había caído en la trampera… Y entonces miraba la pecera, y estaba como turbia, y ya no había peces nadando, ahora preferían estar flotando en el agua turbia.
Y de ahí a flotar en el inodoro e irse alegremente con el dios cloaca y más luego al cementerio Río de la Plata había un solo paso.
Probé con las plantas.
Recuerdo que una vez tuve un cactus: no me pregunten cómo pasó, o qué fue lo que hice pero se me secó (o mejor dicho: lo que no hice, por ejemplo, regarlo -¿pero es que acaso no son de zonas desérticas estos bichos?)
Dice mi mamá que hay gente que tiene mano verde o mano negra. No, ella no sabe nada de música, así que de eso no se trata. Nunca he terminado de entender muy bien sus teorías, pero lo que logré captar es que se trata de algo así como que los de mano verde tocan las plantitas, las riegan, las trasplantan cuando hace falta, les hablan (qué se les puede contar a las plantas no tengo idea, pero sí, sí: les hablan), las podan, en fin, sea lo que sea que hagan, la plantita se pone cada vez más rozagante y fuerte y linda.
Bueno, con los que tienen mano negra pasa exactamente lo inverso. Sea lo que sea que hagan, el resultado ya se sabe.
Decía, probé con las plantas.
Potus, cintas argentinas, helechos, aloe vera, cretonas, cretinas, enredaderas, en fin. Todas sin excepción morían marchitas luego del roce amoroso y negro de mis manos. A las únicas que no lloraba era a las cretinas. A esas ni sé por qué las cuidaba, debe de ser mi tendencia masoquista, si son como cuervos vegetales.
En fin, otra vez. Pensé en una planta carnívora, una combinación extraña de vegetal y animal en mi opinión, y algo más ecológico que usar Raid matamoscas y mosquitos, pero me advirtieron que justamente por su dieta de insectos molestos luego despedían olor nauseabundo y yo ya había tenido suficiente con los peces dorados y podridos, y las cretinas que cuando se secan porque no se les presta atención dejan ver su verdadera naturaleza séptica y aroma fétido.
Ah, y no me olvido de Lorenzo. El loro… ¡Lorencito!
Le daba girasol, le daba tomate, le daba lechuga, le daba zanahoria, le di perejil. Eso le pasó por putearme tanto. Loro de mierda. Y ya dije que no voy a decir ni una palabra de los canarios. Se lo merecían.
Bastante más luego creí que la solución era nuevamente tener Golden Boys. Tenía la tibia esperanza de que pudieran ser más resistentes. Anduve bastante hasta que muy al final me decidí por un novio.
Me dijeron que eran fáciles de alimentar si se les daba mucho. Aunque también me advirtieron reiteradamente de su tendencia a gustar de lo variado y a aliarse con otras alimañas y salir como piratas por el caribe del microcentro porteño. Tampoco me dijeron mucho de qué tenía que darles: mucha ilusión, mucha decepción, mucha atención, mucha mentira, mucho amor, mucha contradicción, mucho desamor, mucha obsesión, mucha comida Thai, mucho sexo, o sencillamente mucha locura. Ante la duda, yo probé con todas.
Igual resultado que con las plantas.
A él sí lo enterré en el patio de casa. Sin mucha ceremonia -si además quería evitar a la Ley, que insiste en que los cementerios son el mejor lugar para los novios muertos- pues no era muy apropiado organizarle un funeral florido en el living, y la madrugada pasársela brindando por su paso a mejor vida.
Y ahora un par de arañas se le acomodaron sobre la lápida, alrededor de los lirios.
Esas, todavía siguen vivas.
Por ahora.
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octubreUTCbSun, 25 Oct 2009 14:36:13 +0000UTCSun, 25 Oct 2009 14:36:13 +00002009, 3, 2008
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