Donde descansar las venas

 

“-La orfandad que me corroe…

tiene una única salida:

aceptarla como un estigma en la piel,

como un enigma en mi sino.”

 

Ahá.

En esto estaba; maldiciendo

despotricando contra mi mapa de cicatrices.

Que para qué!

Que por dónde!

Que por cuánto!…

O por qué.

No me atrevo más a preguntar: “¿Por qué?”

La ausencia de respuestas es aun más desgarradora

que la mismísima pregunta.

Prefiero obviarla.

Por eso, claro;

entiendo a los que cuelgan las penas de una soga marchita;

intuyo a los que cortan las venas con una desilusión serpenteante.

comprendo a los que saltan al vacío, porque igual se sienten.

Porque no hay más que eso:

Vacío.

Silencio.

Ausencia de Amor.

Carencia de anhelos.

Por eso, claro.

Por eso los entiendo.

Por eso los imito.

Por eso, claro,

estoy casi lista a engrosar las estadísticas

de ninfas que danzan, que cantan,

y finalmente, mueren.

Desbarrancadas por la gélida falta de consuelo,

de un maldito refugio miserable

donde descansar las venas.

 

Después de todo, el Amor tiene sus plenitudes y sus ocasos.

 

Solo hay que saber irse cuando oscurece.

 

 

….

Cuando fueras grande

Luego de decirme una guarrada poco sutil, una jovencísima alumna particular, en su grandilocuente domicilio, me preguntó -inocente:                                               

“-¿Qué deseabas ser cuando fueras grande?”

Y sin pestañear contesté al instante, masticando las letras: “-Asesina de niñas irrespetuosas” -mientras la miraba a los ojos, sonriendo yo dulcemente .

-”¡Qué directa!”- Exclamó, sorprendida por mi indisimulada intolerancia alérgico-infantil.

Esbocé otra pequeña sonrisa, que no alcanzó a despegar mis labios. Ni a mover mis rápidos dedos.

Y de común acuerdo, sin mediar más palabras, dimos la clase por terminada.

 

Mejor así.

 

 

 

 

 

……

Gólgota

Gólgota

Ni sé cómo  los demonios de la anhedonia

pasaron por mi umbral.

Si se me trepaban por los oídos los descastaba.

Si se me cruzaban entre los dedos, enroscándose

a los anillos, los sacudía.

Si se me caían y me caían tumultuosos y densos

por el costado derecho de las costillas cuasi quebradas,

los alejaba rigurosamente.

Aun cuando insistentes me ataban a la cama

y al suelo más áspero,

los desoía: aferrarse a la luz aunque impugnaran

la luz: la carta de guía.

.

Claro que no pude con su silencio violento.

E insidiosos siempre me aturdían murmurando, callados;

y callados, me atormentaban las cicatrices.

Y aun más callados, me fueron comiendo

férvidos de a poco el corazón,

hasta que dije vade retro

con agua suavísima habiéndolos bendecido

-qué otra cosa podría haber concebido;

a posteriori

atranqué los postigos de las ventanas

hasta que me sangraron las manos

-¡qué otra cosa podría haber concebido!

Ni bien hube cerrado con todo el peso de treinta y ocho llaves

la puerta entreabierta

-qué otra cosa podría haber concebido-

reviví a la fosforescencia del encanto.

.

Geometría

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Aun

a sabiendas

de que jamás me

gustó la geometría, me

metí en un triángulo amoroso

repleto de anomalías. Con la ingrata

cualidad de la mentira a sí mismo como

la gran verdad. Peor que un escaleno. Peor.

Peor que suicidarse -peor- y darse cuenta luego

de que existe la reencarnación. Triste y furiosa, así

estoy, queriendo arrancarme a golpes el corazón. Queriendo

romper a golpes la desazón de saberme impotente. Incierta. Inútil.

Incontablemente estúpida. Y fuera de control. Rabiosa y enchufada,

trifásica, electrocutada por la ira.  Ahora más que nunca sé  que jamás

me va a gustar la geometría…………………………………………………………………………

 

En llagas

 

 

A Vision of Flammetta

………………………………………………………………………………………………….

 

Tu camisa está en llagas

 

 

 

Y mi pollera brilla por su ausencia

 

 

 

Veremos entonces quién decide

 

 

ponerse

 

 

los   pantalones

 

 

………………………………………………………………………………………………………..

Again

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.

 

 

 

Silencio ardiendo.

Helando los ruidos.

Otra vez lo opaco. 

 

 

 

 

 

 

.

Seres vivos

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Creo que lo mío no es cuidar seres vivos.

 

Hace varios años una amiga me pidió el grandísimo favor de cuidarle a un Coker Spaniel o Joe Cocker o alguna clase de esos perros molestos y peludos. Y encima era un cachorro. Destrozaba libros, revistas, zapatos, todo lo que se le cruzaba cuando yo estaba ausente. Y cuando yo volvía lo destrozaba a patadas, maldito pichicho del Averno. Terminé devolviéndolo. Era él o mis stilettos.

Tuve un gato grisáceo, atigrado, bonito… hasta que lo pisó un colectivo 60. Y eso por vivir cerca de la Panamericana. Al fin y al cabo no se podía culpar a nadie. Salvo al del 60; pero ya se sabe que los colectiveros, como los menores de edad, son inimputables, así que para qué molestarse.

Intenté con unos peces. Varias veces. Comunes, baratos, como los limpiafondos y los limpiavidrios o como sea que se llame a los basureros de la pecera. Peces 4×4 -todo terreno, así les dicen en el acuario, porque son casi indestructibles. Una falacia: El gato, antes de morirse, se comió uno,  y a otro lo encontré en el piso del living cuando volví de una clase de origami. El gato, claro,  lo había pescado y luego de cansarse de jugar lo había dejado ahí, sobre los mosaicos bordó. ¿Y yo qué podía hacer? ¿Enterrarlo en mi jardín? I don´t think so. Directo al Río de la Plata.

¿La tortuga? Se llamaba Rose -Axl para los amigos- y gruñía como un perro cuando algo la molestaba. Le pusimos ese nombre porque era un bicho raro, que corría de acá para allá, como enchufado a 220,  y de tortuga no tenía ni un pelo en cuanto a velocidad  se refería.

Ahí la culpa la tuve indirectamente, porque estuvo durante un tiempo mínimo  en casa, hasta que  mi papá se enteró, y como adora a los reptiles, quiso hacerse cargo. La cuidaba amorosamente, pero un día de otoño la dejó encerrada entre alambrados en un lugar muy bonito, con plantas de romero, porque no quería que le comiera las otras, sus malditas florcitas, al otro lado del alambrado. Y Rose necesitaba calor, calor y tibieza de tierra; vino el invierno y la tortuga aún no sabía escalar alambrados y papá se olvidó de sacarla y la pobre tortuga fue encontrada muerta por congelamiento. Tristísimo.

Mi genética es tremebunda; hasta mi padre es un descuidado asesino de mascotas de sangre fría; ahora se entiende un poco por qué están en vías de extinción. Claro, porque las extinguen los colgados.

Repito que lo intenté concienzudamente con los Golden Fish también. Tenía de los amarillitos como canarios (pero de los canarios no voy a hablar, no, no, por favor. ¡Fue horrible!), anaranjados, blancos y anaranjados, sublimes. Tuve varios de esos peces. También varias veces.

Sin embargo, periódicamente sentía un olor peculiar, como a agua estancada; paseaba la mirada por todas las habitaciones, revisaba los rincones y detrás de las puertas, y el altillo por si alguna rata apestosa había caído en la trampera… Y entonces miraba la pecera, y estaba como turbia, y ya no había peces nadando, ahora preferían estar flotando en el agua turbia.

Y de ahí a flotar en el inodoro e irse alegremente con el dios cloaca y más luego al cementerio Río de la Plata había un solo paso.

 

Probé con  las plantas.

Recuerdo que una vez tuve un cactus: no me pregunten cómo pasó, o qué fue lo que hice pero se me secó (o mejor dicho: lo que no hice, por ejemplo, regarlo -¿pero es que acaso no son de zonas desérticas estos bichos?)

Dice mi mamá que hay gente que tiene mano verde  o mano negra. No, ella no sabe nada de música, así que de eso no se trata. Nunca he terminado de entender muy bien sus teorías, pero lo que logré captar es que se trata de algo así como que los de mano verde tocan las plantitas, las riegan, las trasplantan cuando hace falta, les hablan (qué se les puede contar a las plantas no tengo idea, pero sí, sí: les hablan), las podan, en fin, sea lo que sea que hagan, la plantita se pone cada vez más rozagante y fuerte y linda.

Bueno, con los que tienen mano negra pasa exactamente lo inverso. Sea lo que sea que hagan, el resultado ya se sabe. 

 

Decía, probé con  las plantas.

Potus, cintas argentinas, helechos, aloe vera, cretonas, cretinas, enredaderas, en fin. Todas sin excepción morían marchitas luego del roce amoroso y negro de mis manos.   A las únicas que no lloraba era a las cretinas. A esas ni sé por qué las cuidaba, debe de ser mi tendencia masoquista, si son como cuervos vegetales.

En fin, otra vez. Pensé en una planta carnívora, una combinación extraña de vegetal y animal en mi opinión, y algo más ecológico que usar Raid matamoscas y mosquitos, pero me advirtieron que justamente  por su dieta de insectos molestos luego despedían olor nauseabundo y yo ya había tenido suficiente con los peces dorados y podridos, y las cretinas que cuando se secan porque no se les presta atención dejan ver su verdadera naturaleza séptica y aroma fétido.

Ah, y no me olvido de Lorenzo. El loro… ¡Lorencito!

Le daba girasol, le daba  tomate, le daba lechuga, le daba zanahoria, le di perejil. Eso le pasó por putearme tanto. Loro de mierda. Y ya dije que no voy a decir ni una palabra de los canarios. Se lo merecían.

 Bastante más luego creí que la solución era nuevamente tener Golden Boys. Tenía la tibia esperanza de que pudieran ser más resistentes. Anduve bastante hasta que muy al final me decidí por un novio.

Me dijeron que eran fáciles de alimentar si se les daba mucho. Aunque también me advirtieron reiteradamente de su tendencia a gustar de lo  variado y  a aliarse con otras alimañas y salir como piratas por el caribe del microcentro porteño. Tampoco me dijeron mucho de qué tenía que darles: mucha ilusión,  mucha decepción, mucha atención, mucha mentira, mucho amor, mucha contradicción, mucho desamor, mucha obsesión, mucha comida Thai, mucho sexo, o sencillamente mucha locura. Ante la duda, yo probé con todas.

 

Igual resultado que con las plantas.

 

A él sí lo enterré en el patio de casa.  Sin mucha ceremonia -si además quería evitar a la Ley, que insiste en que los cementerios son el mejor lugar para los novios muertos- pues no era muy apropiado organizarle un funeral florido en  el living, y la madrugada pasársela brindando por su paso a mejor vida.

 

Y ahora un par de arañas se le acomodaron sobre la lápida, alrededor de los lirios.

Esas, todavía siguen vivas.

 

Por ahora.

 

 

 

 

 

 ………………………………………………………………….

(III) Desencuentro

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III

 

Desencuentro

 

 

Cuando deje de andar con cien ojos buscando

tu sombra esquiva y profana –así, así hay que decirlo,

para que las dulces Musas griegas, regordetas y espantadizas miren y digan: “-shhhhhh silencio, basta de parloteo, qué grandiosas palabritas… ¡escuchad!”- y digan  que sí,

que sí va a pasar algo esta vez, que sí,

que sí voy a tomarte en serio-

 

Decía, bueno,  

 

cuando deje de andar enmudecida recolectando los pedazos

 

que quedaron de mí   – No. Así no, así no, gritan, me gritan,

PERO YO YA NO ESCUCHO MÁS QUE  ay, y pobrecita de mí y cómo puede ser, y ellas regurgitan resentimientos familiares y me repiten que por qué no puede ser y que pobrecitos más bien son los otros que se retuercen de hambre de caricias y no lo saben; esos sí que son pobres, no lo saben y se alimentan de cadáveres exquisitos por su fugacidad; y entonces ellas se ríen entre dientes de lo que dicen y de sí mismas y de lo que digo y de mí y de todo, malísimas, malitas como mulitas muertísimas de charango desafinado ( –ay, pero qué feo- se me escapa), y se ríen de mí todavía más las muy perras-

 

Decía, claro,

 

cuando deje de andar con cien navajas

buscando tu carne furtiva

y esquiva para lacerarla a pequeños cortes

lentos y elocuentesque sí, que sí, estallan, me estallan, me saltan sobre los dedos y me sacuden de los hombros (y ya no son espantadizas sino abrasivas, ásperas en las aristas afiladas de sus aullidos) que sí, que sí, que es por ahí, que sí, que sí, que sí!-

 

 

Entonces -decía- vas a notar con certeza casi absoluta

 

que mi cariño te hacía bien y que mi voz te hacía callar el

 

rumor a silencio desguarnecido y punzante  que temblaba adentro tuyo

 

y vas a querer más y más.

 

 

Pero yo ese día

 

voy a estar (con certeza casi absoluta)

 

en cualquier otro lugar.

 

 

 

 

 Pero qué vida de mierda.

 

 

 

 

-que sí,  que sí!-

 

 

Basta.

 

 

Basta, dije.

 

 

Ahora déjenme dormir.

 

 

O sucumbir: a esta altura es casi lo mismo.

 

 

Merde!

 

 

Maldigo tu sombra de esmeralda terrible que me hiela los pies.

 

 

–que sí! que sí!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!-

 

 

–          .

 

 

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Ubi sunt

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Ubi sunt

 

Los recovecos

concupiscentes

de donaire esquivo…

 

 

¿Dónde están ahora?

 

Dónde van…

 

 

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(II) Pies helados

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II

 

 

 

 

De tan furiosa tengo los pies helados.

 

Y este maldito fuego que me sincera el pecho.

 

Me incinera la médula y las costillas y los pulmones.

 

Por el centro siento las llamas

 

que me recorren  como anguilas eléctricas

 

buscando

 

por dónde escapar.

 

 

Pero no hay dónde

 

Solo cuándo.

 

 

 

Cuando deje de recordarte.

 

Y de agradecerte.

 

Cuando deje de anhelarte como una niña cualquiera

 

mira en el escaparate, asolada, su  juguete favorito.

 

 

Inalcanzable.

 

Imposible.

 

Solo en exposición y no a la venta.

 

Solo para acariciar un ratito cuando la deja

 

–impávido- el Juguetero

 

 y luego

 

de nuevo a la caja los sueños de Pandora.

 

 

 

Y ahí a lucirse arrogante y distante entre caramelos

 

insípidos y luces de neón:

 

Inaccesible.

 

Fabuloso.

 

Encarcelado entre vidrios que ella quisiera echar abajo

 

con la sola fuerza de su mirada capciosa y

 

obstinada y deliciosa y frenética y porfiada

 

y caprichosamente suave en las curvas de las pestañas

 

que palpitan también de furia. Pero debajo de sus ojos sonrientes y 

 

sangrantes y extasiados y la miel y los zapatitos de charol

y las trencitas con moños

 

rojísimos:  

 

Cólera.

 

Rabia.

 

Tifus.

 

 

 

Y para esto no hay medicina que el Juguetero me pueda dar.

 

 

Solo hay cuándo.  

 

 

 

 

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Y sanseacabó.

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Tu hábitat natural está entre mis piernas

 

Y sanseacabó.

 

 

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Caída en acción

Caída en acción

 

“Te quise hacer esclavo de tus palabras,

y terminé enredándome

en las cadenas de mis promesas.

 

Tiro por la culata.”

 

 

Suicida romántica palermitana dixit

 

O sea, una reverenda estúpida

 

 Una rubia tarada, bah

 

(Doy fe de que el agua oxigenada también oxida las ideas: es una cuestión netamente química e insoslayable: o quizás el coiffeur me droga con sus malditos  sahumerios saibabescos -dios nos salve de sus relojes mágicos o caramelos ídem- y desabridos cafecitos descafeinados,  cuya nefasta combinación me afecta la sinapsis cerebral,  y sus efectos  me duran todo el mes hasta la siguiente tintura. La verdad que a esta altura ya no sé a quién echarle la culpa)

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Una rubia tarada -decía yo- corrompida por los químicos; mordiéndose el índice doblado y prometiendo una vendetta que jamás va a cumplir. O tal vez sí. Depende de qué lado de la cama se levante ese día y las ganas de ser una asesina serial que tenga. Nunca se sabe a dónde conducen los caminos; no todos van a Roma pero sí casi siempre a las mazmorras de la memoria que cada vez más quiero que sea efímera como una pizca de cenizas en el dorso de la mano.

 

 

 

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Unluckily 4 me

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I will not make any more boring zacate! turtle-attacks,

It’s a promise.

If only could I just keep on looking at the sunny sunny sun,
and searching for the pretty pretty moon and
dancing serenely without any more ghosts

biting

my Achilles’ heel…

If only could I…

But I won´t.

 

Unluckily 4 me.

 

 

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(I) Fiereza?

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I

 

De fiereza que muta en desencanto.

 

Así me pulsan los latidos.

 

 

 

 

 

 

…Cuáles, qué latidos

 

 

 

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Encontrar algo venenoso por aquí

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Encontrar algo venenoso por aquí.

 

Debajo de la alfombra roja, sobre las lámparas de 25 watts,

 

entre las botellitas y cassettes y los demonios de Tasmania.

 

En el borde de los diccionarios o en los zapatos que quedaron

 

arrumbados después de.

 

Encontrar algo venenoso por aquí.

 

Vital e imperioso

 

encontrar algo así de venenoso y furibundo por acá…

 

Para cerrar las ventanas.

 

Para matar las mañanas.

 

Para caer fulminada.

 

Encontrar algo venenoso por aquí.

 

Entre las sombras de amores

 

O la ropa desdoblada.

 

Encontrar algo.

 

Básico como un vestidito negro

 

encontrar algo así de tóxico y frenético por acá.

 

Sobre los vinilos del ’61 y los desencantos.

 

Encontrar algo venenoso por aquí.

 

 

Naturalmente,

 

solo tengo que mirarme directo a los ojos.

 

 

 

 

 

……..

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